INCIO
PRESENTACIÓN

BLOQUE 1:
 LAS BASES DEL SISTEMA
BLOQUE 2: 
CONCEPCIONES DISCUTIBLES
BLOQUE 3:
PROPUESTAS ACTUALES
BLOQUE 4:
HACIA EL CAMBIO


 CHINA

Desde los años 930, hubo en China  grandes movimientos populares y luchas cruentas contra los dueños de la tierra e invasores japoneses, luchas en que participaron fuerzas gubernamentales y populares encabezadas estas últimas por Mao-Ze-Dong, como principal dirigente y estratega.  Después de protagonizar la expulsión de los invasores, derrotó también a las fuerzas gubernamentales (salvo de la isla de Formosa que aun sigue en poder de fuerzas del antiguo régimen) bajo una concepción inicialmente inspirada en el marxismo, pero a partir de 1949, ya en discrepancia con la ex URSS, controlaron el poder real en el conjunto del país, hasta que en 1965 y frente a dificultades que se presentaban en la consolidación y desarrollo del sistema, iniciaron una nueva revolución que identificaron como “cultural” pero que quedó truncada con la muerte de Mao en 1976.



Se continuó –en parte- con la conducción de Deng Xiao Peng pero con notorias diferencias, aunque, supuestamente, con la misma finalidad. Parece ser que durante los últimos años de
Mao se fue desarrollando la idea de que la consolidación del sistema que habían proyectado, si no iba acompañado de un cambio paralelo en la Cultura social, los avances se estancarían.  Deng, con sus asesores, concibieron un sistema que unía  la fuerza militar (que seguía sosteniendo los cambios estructurales) con la dirección política.

Así podrían formar un frente capaz de controlar a un poder económico apoyado en la acumulación del capital dedicado a la producción y distribución para el consumo, y a un mayor equilibrio en la distribución de los resultados.

Ese proyecto, lo lideró Deng hasta su muerte, ocupando diversos cargos (cada vez de menor relevancia), sufriendo diversos ajustes, pero sin dejar de generar un desarrollo económico significativo, facilitando el desarrollo de un sector económico de estructura capitalista, que ha estado acumulando poder económico desde entonces en forma muy pujante y que le ha dado al país una presencia apreciable en el mundo actual.

A esa nueva forma la presentan como combinación de dos sistemas (uno capitalista y otro socialista) con un solo régimen político. La conducción seguiría siendo “político-militar”. Se aprecia como una dictadura de partido pero con un horizonte de bienestar más equilibrado. O como un gobierno designado y orientado por un partido, actuando como poder superior, y respaldado por un Poder militar.


Este “invento” de los chinos, como quedó expresado más arriba, fue heredero del practicado durante decenios por el de raíz marxista leninista, practicado por la revolución rusa de 1917, y sufría de la misma carencia doctrinaria que aquella, al desatender la máxima de Marx que considera posible el triunfo revolucionario solamente si lo realiza (no solo si lo lidera) el proletariado, es decir, si la clase intermedia en su conjunto y en sus adyacencias, busca el cambio y se involucra en él.

En el origen de la revolución china esa condición no se daba –China tenía entonces un proletariado anémico y la revolución la ensayaron los campesinos que, al no tener el nivel de preparación suficiente, necesitaban un liderazgo capacitado que debía ser ajeno. Eso fue lo que los disidentes comprendieron ya en los años 60, primero en términos muy generales, y creyeron que podrían imponerlo verticalmente con la “revolución cultural” aún en vida de Mao, y luego con Deng, programando que se incorporara por etapas, de las cuales, la primera sería la actual: “Dos sistemas y una sola dirección”.


La idea podría ser viable, pero requiere que la nueva cultura social se acompañe de la capacitación generalizada de la actual clase trabajadora para liderarla ella misma, no solo por el proletariado mediano. Puede por ello, verse solo como un ambicioso nuevo intento a tener en cuenta, aunque desde nuestro punto de vista, al menos hasta el presente, es la tendencia humana egocéntrica la que lo impulsa y administra. Mientras, se supone que la revolución cultural sigue su proceso de realización. Desde el 76 hasta ahora han transcurrido ya una cuarentena de años, durante los cuales el país ha logrado una destacable pacificación interna, una importante mejora del nivel económico y un desarrollo significativo que le ha llevado a situarse en un nivel destacado en el conjunto mundial.

Mientras, se  supone que la revolución cultural sigue su proceso de realización.

A partir de la presente coyuntura se puede esperar, o bien la vuelta a un capitalismo de nuevas características, o a un colectivismo sui-géneris (o sea; “a la china”), a estas alturas difícil de prever, pero que merecen una expectativa desprejuiciada.


En este punto cabe señalar el hecho de que en la cultura tradicional china estan muy arraigadas las prédicas de dos personajes históricos  (Confucio, del siglo –XVI y Mencio, del siguiente), los dos grandes difusores del concepto de que los humanos tenemos, en principio, tendencia a la ayuda mútua y al entendimiento recíproco, y sus mensajes -como el de Lao-Tse, filósofo contemporáneo de ellos y de la misma línea de pensamiento, que también tiene en su haber un mensaje sobre tendencias humanas- sin incursión en temas trascendentales.