INCIO
PRESENTACIÓN

BLOQUE 1: 
LAS BASES DEL SISTEMA
BLOQUE 2:
 CONCEPCIONES DISCUTIBLES
BLOQUE 3:
 PROPUESTAS ACTUALES
BLOQUE 4:
HACIA EL CAMBIO


               COOPERATIVISMO

Ahora, a principios del s. XXI, en medio de la desorientación agudizada por el fracaso del socialismo de estado ensayado el pasado siglo en algunos países, se puede señalar que, aparte del sistema dominante, con su intención manifiesta de extenderse a todo el Mundo, subsisten formas que se destacaron en distintos momentos del pasado y que, aunque en condiciones conflictivas o tensas, no se dejan absorber, apoyándose en sus particularidades culturales.



Como ejemplos anteriores del que ahora nos ocuparemos, se ha hecho ya referencia a tres de ellos, constatando  que las realidades que encierran nos permiten acentuar la opinión de que es perfectamente imaginable el sostenimiento de un mundo donde puedan convivir distintos mundos, siguiendo la idea difundida por los pobladores del SW mexicano, cuando tuvieron que defender su forma de vida frente al agresivo avance del sistema dominante. Después, a partir de abril del 2010 se está estudiando en Bolivia la posibilidad de organizar un “país binacional”.

Entre todos ellos hay muchos que se resisten a abandonar sus tradicionales formas de relacionarse y vivir, despreciando mucho de lo que produce el sistema dominante actual. Todas esas formas resistentes entre si, quizá dejaran de serlo si no impidieran que sus retoños fueran educados y codificaos por el Sistema dominante como lo son en el suyo sus propios integrantes. Pero este ha sabido –al menos hasta ahora- respetar las respectivas tradiciones culturales y el resultado ha sido que esas otras culturas siguen existiendo, lo cual permite suponer que si se desarrollara otra nueva, podría también convivir.

Relacionado con ello hay dos premisas que importa exponer:

-La primera: que, a pesar de todos los males que el sistema dominante ha provocado en los pueblos desde hace 500 generaciones, ha sido solo entrando el siglo XVIII cuando se han formalizado proyectos de cambio seriamente fundados en el supuesto de que los humanos puedan incidir en la ideación y desarrollo de una sociedad más armónica, más justa y más equitativa.

-La segunda: que, entre las que fueron imaginadas como posibles, hay una que no ha esperado, ni a que el Estado del sistema dominante se decidiera a adoptar medidas conducentes, ni a que propuestas más o menos voluntaristas, basadas en concepciones teorizadas, transformaran el escenario y lo facilitaran. Los propios trabajadores se organizaron en empresas donde realizar sin ayuda la tarea principal: el Trabajo, único creador de valor y capaz de generar servicio social útil, aceptando la tendencia humana a conocer, crear y transformar la realidad.


 

Esa misma tendencia que el sistema dominante cultiva, aunque con otros fines y sin tener en cuenta las consecuencias, según alerta Marvin Harris que sucede como resultado de una limitación intelectual aún no superada:

 “El ser humano ha demostrado ser enormemente capaz para crear cosas nuevas y modificar las ya existentes, pero también enormemente incapaz para prever las consecuencias”.

  


El hecho es que, como resultado de aquella germinación de ideas en busca de soluciones, un grupo de trabajadores ingleses (no de filósofos, de teóricos, de especialistas, de expertos), de la pequeña ciudad de Rochdale, próxima a la gran urbe británica de Manchester, recogiendo ideas de distintos pensadores sociales y aportando otras propias,“inventaron” un tipo de empresa de distribución de productos de consumo, bajo un conjunto de principìos que eludían o contradecían aquellos en que se basaba el sistema dominante para la organización empresarial.  

Eran pocos, como lo fueron también quienes lo iniciaron, pero fueron de tan fácil comprensión y aplicación, tan armónicos con la naturaleza humana y de resultados tan inmediatos, que desde entonces (1844) se vienen multiplicando sin cesar, en distintas áreas de actividad y por doquier. No están actuando para cambiar el Mundo, aunque piensen que puedan ayudar a conseguirlo,  sino simplemente actuando según su modo de concebirlo.   

 

-  No pretenden abolir la propiedad privada de los medios de producción, pero si rechazan que su inversión en la empresa sea motivo para generar valor, porque lo único que debe generarlo es el aporte laboral.

 

- No pretenden abolir toda forma de jefatura, pero si limitarla a fines específicos en el marco de la empresa, y sobre todo establecen que a la hora de tomar decisiones, todos los trabajadores tengan posibilidad de intervenir y el mismo poder de decisión, (cada individuo un solo voto) independientemente de lo que aporten al conjunto, tanto en medios económicos como en tipo de trabajo.

 

-  No pretenden la igualdad a la hora de distribuir los resultados de la gestión económica, pero si proporcionarlos a los esfuerzos personales realizados para obtenerlos y sin sobrevalorar los de carácter técnico y organizativo.

 

-  No aceptan constituirse en grupos cerrados, circunscritos a determinadas edades o sexos, raza, religión, o de adhesión a determinada orientación filosófica o política, y se declaran de libre afiliación, que incluye también la desafiliación por la simple voluntad del interesado.

 

-  Rechazan, como principio, efectuar operaciones económicas que no sean “al contado”, por simplificar la administración y por evitar el beneficiarse por vías distintas del trabajo.

 

- Dedican una parte de los excedentes obtenidos, a la educación y la formación de sus integrantes.

 

-  Y a la hora de la disolución, en caso de que por algún motivo tenga lugar, se devuelve a cada integrante lo que haya aportado a la cooperativa, pero el excedente neto, o sea lo que figura contablemente como propiedad de la cooperativa, ya sea por valorización de sus bienes, o por acumulación de sus eventuales fondos de reserva, deberán donarse a otras unidades del sector o a alguna institución social sin finalidad de lucro.


Adoptar condiciones de ese tipo, y conductas en concordancia con ellas, equivale a adoptar una “cultura social” propia, y diferente de la dominante. El lema del sistema es, en inglés: “self-help” (ayudarse a sí mismo), o sea: “no esperes a que otros vengan a solucionar tus problemas”.

Los otros tres sistemas que se idearon por la misma época, todos ellos se apoyaban en reclamos para que otros los ejecutaran: los marxistas y anarquistas, esperando que sucediera como consecuencia de la “lucha de clases”, o de la acción violenta; y tanto unos como otros, bajo la orientación de quienes tendrían ciertas capacidades especiales. Y los socialdemócratas, como consecuencia de la acción de los políticos en los gobiernos burgueses.



Todos ellos se proponían la abolición de la explotación –en mayor o menor grado- de las clases trabajadoras, pero solo estos, los cooperativistas, elegían el camino de la solución directa, abocándose a que los propios trabajadores montasen las  empresas donde verter su trabajo y las administrasen ellos mismos.

 


No era resolverles los problemas a todos los trabajadores lo que se proponían, simplemente inventaron formas empresariales mediante las cuales ellos mismos se los podrían ir resolviendo. La idea no pretendía ser una fórmula, sino más bien un propósito personal –de intención social-, una herramienta que permitiera rescatar aquella porción del valor del trabajo, del que les despojaban en las empresas convencionales. Una herramienta que cabía dentro de lo que el sistema dominante pretendía contener de liberal y que se circunscribía exclusivamente a la empresa misma, sin afectar a la estructura global del Estado.

Esto no quiere decir que en el propósito de los iniciadores no figurara la transformación del espíritu del Sistema; todos ellos lo tenían en cuenta. También figura explícitamente en el ideario de la ACI, aunque no como una finalidad, sino solo como consecuencia de su autodefinición.


Abandonar la Cultura social de un sistema de dominación no es tarea fácil, ni puede ser rápida, porque necesita otra con la cual sustituirla y, además, ponerla a prueba, porque no es suficiente con que sea teorizada, ha de ser ensayada y asumida por quienes habrán de aceptar el sistema sustitutivo. 

En aquella herramienta creada en Rochdale, los elementos principales no eran de carácter técnico, sino funcional: depositaban su confianza unos en otros, recíprocamente; descartaban la actitud de sacar ventajas de carácter parasitario; no se circunscribían a un grupo de amigos o conocidos, sino que aceptaban a cualquiera que deseara participar, sin importarles otras ideas o creencias que tuvieran; y se procupaban por conocer las opiniones de los demás y de tenerlas en cuenta para ajustar las propias y, en caso de que hubiese acuerdo, ensayando primero las que fuesen mayoritarias.


No era nada complicado de entender, aunque bajo el peso de la cultura del sistema dominante podría tenderse a desconfiar de que pudiese llegar a ser viable. Pero ese no era un problema mayor si no era mucho lo que debía arriesgarse para participar, como era el caso de una empresa de distribución como la de Rochdale, que no requería instalaciones y maquinarias costosas. Se complicaba más si la cooperativa se dedicaba a la producción, pero ya significaría un elemento importante el mostrar que la naturaleza humana no constituía un impedimento para que funcionaran eficazmente asociaciones guiadas por los elementos culturales señalados, como enseña, falseando la realidad, el sistema dominante.



PRINCIPIOS DE
LA ALIANZA COOPERATIVA INTERNACIONAL

Durante el resto del s.XIX el sistema se extendió, adoptándose también para otras áreas de la actividad económica (agraria, crediticia e incluso industrial). Cuando en 1895 se fundó la ACI, a impulso de varias federaciones de cooperativas que ya operaban en diversos países, la participación era todavía limitada, pero en el 23º congreso bienal, que se realizó en 1983, se dio cuenta de que ya la integraban 195 federaciones de cooperativas de 71 países, que representaban en conjunto 360 millones de asociados.


Las cooperativas no se suelen plantear el cambio o sustitución de la forma de organizarse socialmente a los humanos, según lo conformó el modelo capitalista, aunque si lo han imaginado algunos cooperativisstas (difusores e ideólogos del Sistema cooperativo), como G. Fauquet, que imaginó la posibilidad de que se desarrollase un “sector cooperativo”, sin que dejasen de existir el Estatal, y el Capitalista. O como Ch. Gide, que imaginó la evolución del cooperativismo de consumo, desarrollándose en grandes Centrales de acopio y distribución de productos de consumo, que en una tercera fase los producirían ellas mismas.

 


Fauquet era un funcionario internacional especializado en la acción cooperativa y Gide un sociólogo creador de una escuela cooperativa en la ciudad francesa de Nimes. Ninguno de los dos llegaron a ver desarrollada su idea, pero reforzaron el propósito original de los pioneros. Sin duda sus ideas tenían en cuenta los valores humanos y sociales del sistema y su influencia en los cambios culturales que conllevaban, pero reconociendo que su incidencia no afectaba más que a la producción y distribución de bienes, lo cual no es todo, pero sí la base de sustentación de un sistema que si funcionó, como realmente ocurrió,  fue porque ha puso en práctica una cultura social distinta a la del sistema dominante y  ármonica con él.

Y ello, a pesar de que a menudo las cooperativas no aplican muy rigurosamente los principios en que se basan, justificándose en que, en ocasiones, y para poder sobrevivir o desarrollarse en un medio donde predomina la cultura en que se apoya el capitalismo, no hay más remedio que aceptar, aunque sea provisionalmente, algunos de sus condicionantes. Un argumento, quizá más pragmático que veraz.

Desde que los agrupamientos humanos, durante la Revolución Urbana, RU, se dividieron en clases diferenciadas, una que organizaba y dirigía, y otra que trabajaba y producía, hasta mediados del s.XIX de nuestra era, los humanos aceptaron en forma poco menos que dogmática, la idea de que “las cosas son como son”, por quien sabe que disposición superior a ellos. Salvo en algunas excepciones destacables, como Amenofis, Confucio, Sócrates, Moro o Campanella, la actitud predominante fue la de aceptar como inamovibles las interpretaciones filosóficas y culturales impuestas por el sistema clasista establecido en aquellas lejanas épocas. De los cinco librepensadores citados, el tercero y el cuarto fueron radicalmente eliminados, y el quinto, condenado a perpetuidad.

Hubo entonces que esperar a que la situación de los trabajadores se hiciera tan infrahumana como se hizo a continuación de la Revolución industrial del s. XVII, para que se produjeran las reacciones que condujeron a romper con esa idea fatalista de que a nada mejor podía aspirarse.

De la confrontación de ideas que se produjo entonces para encontrar la corrección de ese estado de cosas, fue la de la cooperación la única que aquí consideramos realmente  revolucionaria, porque:


-  Rechaza radicalmente la división clasista en la sociedad humana.

-  Descarta la posibilidad de que quienes poseen el Poder real en el sistema dominante, vayan a ponerlo al servicio del común.

-  No espera que otros tomen la dirección de los cambios deseados, sino que la toman ellos mismos.

-  Y porque adoptan, desde la salida, una cultura social sustitutiva de la dominante, la ponen en práctica en sus propias conductas y la extienden y apoyan para que puedan adoptarla los demás.



Cualquier cambio cultural en la sociedad es lento, porque implica cambiar hábitos, costumbres y hasta tradiciones. La tendencia, cuando se piensa en el cooperativismo, es de tildarlo como un método utópico, pero esa actitud no tiene porqué molestar, ya que no se está trabajando en pos de un proyecto, sino simplemente, adoptando un método de relación laboral del que se obtienen, de inmediato, una serie de gratificaciones que eran deseadas.


En general, cuando se piensa en términos de “proyecto”, importa que sea de resultados rápidos, que quienes lo asuman puedan verlo realizado durante su corta vida.  Si el desarrollo del cooperativismo llegara a un punto en que se justificara la puesta en funcionamiento de un “proyecto global”, sería el momento de pensar en él. Suponemos que esa postura es la que predomina en el ánimo de quienes están en actividad.