INCIO
PRESENTACIÓN

BLOQUE 1: 
LAS BASES DEL SISTEMA
BLOQUE 2: 
CONCEPCIONES DISCUTIBLES
BLOQUE 3:
PROPUESTAS ACTUALES
BLOQUE 4:
HACIA EL CAMBIO


 

EL PODER

 

Desde que se impuso la Rev. Urbana (RU), todo sistema dominante se ha apoyado en un PODER que dispone de lo necesario para:

-Que el sistema instaurado por él siga existiendo

-Que pueda defenderse de los deterioros que le amenacen, tanto de origen interno, como externo.

-Que pueda resolver –sin perder su razón de ser- a las tensiones que en el mismo se generen.

Todo sistema dominante procura que funcione lo más aceptadamente posible por el conjunto de la población que lo integra. La historia muestra que dada la diversidad de caracteres en la condición humana es utópico esperar que exista una aceptación unánime de todas las condiciones que cualquier Sistema Dominante (SD) pretenda establecer para lograr un funcionamiento suficientemente armónico. Siempre ha habido la necesidad de preocuparse por generalizar una educación homogénea que sea aceptada, o por lo menos tolerada, por una importante mayoría de los individuos que integran esa sociedad.

A medida que las agrupaciones ciudadanas siguieron creciendo se vio necesario el concierto de las religiones organizadas, que respaldaron las funciones educativas con la interpretación teológica de los “misterios” del Mundo y de la vida. La organización de esas religiones siempre fue apoyada por el Poder Superior establecido, y financiado en lo necesario por él: en consecuencia, a su servicio. Por la influencia que adquirió sobre las personas y sus conductas, debe ser considerado también como un “poder” (aunque subordinado al superior ya que depende económicamente de él). Desde mediados del siglo pasado, con el desarrollo de la cibernética y de los medios de comunicación, la capacidad de manipular las conductas humanas sin ayuda de la religión, le ha hecho a esta perder la exclusividad en su objetivo social.


Aquí lo consideramos aún como uno de los principales pilares de sustento del poder por ser el que cumple la función de aleccionar, induciendo a la gente para que acepte las conductas imperantes.    Quienes no las practican o las combaten deben ser reprimidos en tanto distorsionan el normal funcionamiento del Sistema establecido. Para ello se dispone de otro poder, también subordinado: el Poder armado que se ocupa de esa cuestión y como tal se extiende, en los Estados-Nación, a la defensa frente a otros Estados y, eventualmente, a la expansión del propio.

La subordinación de este otro Poder se debe, como en el anterior, a su dependencia del superior por no disponer de suficientes medios propios de sustento. Es un Poder parásito y dependiente de quien lo sostiene: el Poder superior a través del administrativo.

Ha sucedido en ocasiones que este Poder –apoyado en los medios coercitivos de que dispone- toma decisiones divergentes de las del Poder Central, pero desde la instauración de los sistemas representativos, siempre han resultado transitorios e inconsistentes.

También existe en el Sistema dominante el ya citado: poder administrativo, que se ocupa de llevar a la práctica las disposiciones adoptadas por el Poder Central.  En nuestro sistema se divide en tres ramas: la Legislativa, la Ejecutiva y la Judicial.  Cada una con un área de acción y autoridad para decidir en ella sobre asuntos insuficientemente precisados. La parte del poder de que dispone confunde, en cuanto a la participación real que tiene en el Poder global, haciéndolo aparecer mayor de lo que en realidad es.
En general se trata también de un poder parásito aunque maneja medios económicos importantes que le llegan por vía impositiva, que en su gran mayoría están de antemano ya comprometidos.
Incluso para cumplir tareas productivas generadoras de valor, pero solo si el Poder superior se lo permite, como se pudo comprobar en la aplicación del neo-liberalismo a partir de mediados del siglo pasado.  

Y finalmente, el PODER SUPERIOR, el que decide sobre la estructura y funcionamiento del  Sistema.

A partir de la revolución francesa de 1789, ese poder superior se ha ido despersonalizando hasta hacerse difícilmente identificable. Se apoya en la convicción, por acuerdo tácito (suponemos) de que el fundamento del sistema dominante radica en:

  Su solidez, que depende de la acumulación de bienes disponibles y utilizables para orientar la actividad económica, teniendo en cuenta que controlan los principales lobbies (finanzas, energía, Información, alimentación, transporte.) Con su apoyo pueden decidir en cualquier asunto relacionado con la estabilidad del sistema.

2º La posibilidad de acumular bienes -entre otras fuentes- procedentes de la apropiación de la plusvalía del trabajo. Para obtenerla es necesaria una eficacia que solamente –piensan- puede lograrse por medio de la organización verticalista en todos sus niveles, forma que conduce –aunque lo ocultan-  a la diferenciación clasista, que consideran imprescindible.

3º Para la obtención de suficientes plusvalías -que ellos, en última instancia son quienes las acumulan y administran- deben, prioritariamente:

a) controlar cuidadosamente el nivel salarial, lo que logran aceptando la existencia de la burocracia sindical pero controlando su independencia

b) estimular la orientación de la producción a rubros productores de plusvalías de valor superior, lo que consiguen estimulando las “apetencias” y el consumo a crédito.


Sus normativas están  expuestas claramente en las Constituciones de los Países y solamente se pueden modificar mediante referéndum, para ser sustituídas por otras  estudiadas previamente y propuestas mediante los mecanismos preestablecidos.
Se trata de un mecanismo engañoso que tiene la apariencia de ser democrático ya que las propuestas se deciden por votación popular, pero que en realidad está cuidadosamente estudiado para que las principales bases ideológicas establecidas en cada momento no sean alteradas,

igual que el mecanismo para llegar a la decisión, que tiene que pasar por distintos filtros (Partidos políticos, Poderes legislativo y judicial, y Medios de Difusión dirigidos, así como Actos multitudinarios financiados por quienes disponen de medios masivos para hacerlo).
Para reconocer la existencia de ese Poder superior, entender su  funcionamiento después de su despersonalización al final del absolutismo y las complejidades organizativas crecientes como consecuencia de la Revolución industrial del S. XVII hay que aceptar que, fuera de toda institucionalidad, existe un acuerdo (posiblemente tácito) entre los grandes consorcios económicos en que se concentra el grueso de la economía mundial: el financiero, el energético, el de la información, etc. que disponen de los medios económicos suficientes para dirigir la orientación de la economía y del Sistema.

Repitiendo y ampliando: originalmente ese poder supremo lo ejercían personas identificables ayudados por asesores especializados, tanto cuando las colectividades eran de gran  extensión, como por ejemplo en el Imperio romano o en la España del colonialismo, como de reducido tamaño en tiempos del feudalismo europeo. Pero a partir de la revolución francesa, esa personalización se ha ido perdiendo hasta pasar casi al anonimato, al menos para las grandes mayorías. Los monarcas o reyes siguen existiendo en algunos países, pero actualmente ni “pinchan” ni “cortan”, aunque justifican su permanencia asignándose una supuesta función “moderadora” en el equilibrio de la discusión política, basándose en la supuesta importancia del sostenimiento de los Estados nacionales.

En los tiempos actuales, la influencia de la economía es tan grande que existe la convicción de que cualquier proyecto o propuesta, por grande que sea, puede ser llevada a término si esta respaldada por suficientes medios económicos.  En ese caso el Poder supremo  radica en quien o quienes disponen de la mayor riqueza, que no son otros que los grandes empresarios agrupados en los referidos lobbies.

Esta exposición puede resultarle al lector, cuando menos, incompleta por dos motivos y se hace necesario aclararlo.
En primer lugar, la despersonalización de quienes ejercen el Poder superior, que aparece incongruente teniendo en cuenta que el egocentrismo en que se basa estaría en contradicción con ello. Sin embargo debe tenerse en cuenta que ese egocentrismo no es frente al conjunto de la población que lo valora, sino solo frente a la clase dominante y especialmente frente a los tramos más destacados de la misma.


Parece también incongruente que si la finalidad de las empresas que forman parte de los lobbies dominantes es la ganancia económica, dediquen la propia, o al menos parte de ella, a influir en la marcha del conjunto que integran todos.  Pero también esta aparente incongruencia puede explicarse si se observa que a menudo las influencias se hacen efectivas más que por acción, por omisión o por negación.

No olvidemos que la simple amenaza, por ejemplo, de cerrar los grifos de un oleoducto pueden surtir más efecto que la amenaza del bombardeo masivo de una gran ciudad; y ese no es más que uno de los muchos ejemplos imaginables de posibles acciones de fuerza sin arriesgar bienes propios. No olvidemos que todo el sistema actúa en forma engañosa, desde la simple falsedad de que la corrupción se debe al corrupto más que al corruptor. También el ocultamiento sobre donde se radica el Poder supremo del sistema, especialmente cuando se proclama que se trata de un sistema democrático, y por lo tanto, presumiblemente abierto.

   Y terminamos, con esos pocos ejemplos, dejándole el “testigo” a algún sociólogo meticuloso, incorruptible y valeroso, capaz de llegar al fondo mismo de la cuestión. Todos saben lo difícil que es subir un peldaño en la escala social y que fácil es bajar un montón de ellos.

Ejemplo de acción del Poder superior sobre el Sistema

 

Lo que hemos expresado hasta aquí puede tomarse como una simple suposición mas o menos aceptable de la realidad, pero se valida cuando ayuda a explicar y comprender hechos complejos recientemente sucedidos.

Citamos lo ocurrido en el área de influencia del Sistema Dominante desde la salida de la segunda guerra mundial de 1940-45, que pertenece a la historia reciente.

   Un episodio significativo que pone en evidencia la capacidad del oculto Poder superior (Ps) del Sistema dominante de ejercer su influencia.  Un episodio que comenzó hace unos 70 años.

El Estado de Bienestar, como se denomina en la actualidad,  tuvo su iniciación en el año 1945 a la salida de la segunda guerra mundial, con la aprobación por el gobierno británico del llamado Plan Beveridge para la atención médica generalizada, en unas circunstancias en que la población británica estaba fuertemente afectada por los bombardeos de que había sido objeto desde la costa europea por proyectiles autopropulsados.

El Plan Beveridge tuvo gran repercusión y se extendió inesperadamente a otros países, siendo Suecia donde hizo punta  durante los gobiernos del socialdemócrata Olof Palme (1970-73 y 1982-85).  Probablemente fue lo que condujo a su asesinato, sucedido en 1986 y, sospechosamente nunca aclarado, cómo curiosamente tampoco lo había sido el de John F. Kennedy, último presidente de tono demócrata progresista de USA, en 1963.

La atención generalizada de la salud no es más que una parte de las necesidades humanas, pero significaba un primer paso del pensamiento de la izquierda en la dirección que consideraba la adecuada. Su corrección no se hizo esperar: en 1971 se produjo el lanzamiento del llamado Neo-liberalismo, concepción económica cuyas dos principales consecuencias fueron:

  1. Descalificar al poder administrativo para el ejercicio empresarial.
  2. La eliminación de los controles al crédito, dejándolo librado a lo que decidiera el mercado, esperando que el aumento de las solicitudes de préstamos hicieran disminuir automáticamente los intereses.

Suponiendo, decían, que con ellos sucedería como con los precios del mercado, que cuando la oferta aumenta más que la demanda, los precios disminuyen, e  imaginando que con los intereses de los préstamos ocurriría lo mismo. Pero cuando se llevó a la práctica sucedió lo contrario: los intereses aumentaron rápidamente y los impagos se multiplicaron al aumentar las deudas de los prestatarios, que se vieron incapaces para hacerlas frente.  Esta fue la causa principal de la crisis más dura sufrida por el sistema dominante y que permanece hasta hoy.


 No es fácil creer que ese resultado no estuviera previsto, o que al menos ante una razonable duda, se hubiese pensado en ponerlo a prueba. El episodio da para sospechar que haya habido otra intención oculta: que los impagos dieran lugar a la ejecución de las deudas contraídas, de lo que resultarían beneficiarios los bancos y sus directivos, o sea, el lobby financiero.  A los poderes administrativos, al verse forzados a auxiliar a los bancos, se les restó la posibilidad de mantener en servicio el Estado de bienestar que aún continuaba  funcionando,  y justificando así los recortes. En definitiva, retroceder el complejo social a la situación anterior a la segunda guerra mundial.

* H W Beveridge (1919-1973), ministro del gobierno británico, fue presidente del Comité que creó un sistema de salud generalizado con gran repercusión social, aprobado en 1945 a la salida de la segunda guerra europea.

** Milton Friedman y la Escuela de Chicago, sus más destacados promotores.