INCIO
PRESENTACIÓN

BLOQUE 1: 
LAS BASES DEL SISTEMA
BLOQUE 2: 
CONCEPCIONES DISCUTIBLES
BLOQUE 3:
PROPUESTAS ACTUALES
BLOQUE 4:
HACIA EL CAMBIO


TENDENCIAS HUMANAS EN LA ACTIVIDAD SOCIAL

Algo importante sobre los humanos en que hemos puesto especial atención es en las aptitudes o tendencias de que disponemos individualmente (que en general se manifiestan como simples “gustos”) y que nos inclinan más hacia ciertas actitudes o actividades que hacia otras.  Parecen ser de origen genético más que cultural.  Son propias de cada individuo, inclinaciones que acentúan la actividad individual hacia actitudes, atracciones, habilidades, que gratifican a quienes las poseen y utilizan, como ocurre con la curiosidad frente a lo desconocido, con el afán de saber, con la habilidad para la realización de tareas difíciles o complejas, con la comunicación interpersonal, con la capacidad para orientarse, con las aptitudes artísticas, con la facilidad para el aprendizaje de idiomas distintos del propio, etc. Hay quienes tienen algunas claramente reconocibles, quienes las tienen solo distinguibles y en quienes son difusas o imprecisas. Conocerse a si mismo es, en parte, descubrir y valorar las que le son propias y poder así privilegiarlas en la propia actividad.

En el área de la sociabilidad o la convivencia, encontramos también tendencias de esa naturaleza, que nos conducen a determinadas inclinaciones al interrelacionarnos para llevar a cabo propósitos y tareas conjuntas. Tendencias que se han ido haciendo más intensas o influyentes según la importancia que han tenido en los resultados de la acción colectiva. En relación con ello se destacan dos, que en mayor o menor medida, se manifiestan en el desarrollo social, al menos desde que los humanos se fueron agrupando en núcleos o colectivos mayores que la simple unidad familiar, que es como decir, desde el período neolítico.  Son las tendencias a la empatía y al egocentrismo, que inducen a actitudes que tienden a contraponerse. 


Cuando ya en sus agrupamientos, los humanos se percataron de que podía ser beneficioso para todos realizar tareas colectivamente, esas tendencias se hicieron sentir con fuerza reclamando definición, quizá porque conducían a conductas que parecían incompatibles.


Toda acción conjunta requiere organización, que puede implicar aunar esfuerzos, coordinar tareas, distribuir responsabilidades, preparar medios, acondicionar materiales y productos…  Es decir: acuerdos. Quienes preferían realizarlos empáticamente recurrieron a la asamblea y lo establecieron así durante un largo período de tiempo, todo el que duró el neolítico y la revolución agrícola ganadera (RAG).  Pero cuando los colectivos aumentaron de tamaño con la revolución urbana (RU), las asambleas se fueron haciendo poco apropiadas y entró a dominar el verticalismo propio de la tendencia egocéntrica.

No pretendemos más que rescatar una apreciación de algo ya conocido desde los comienzos del funcionamiento de las sociedades constituidas al realizarse la RU, a parir de lo que se puede comprender y explicar lo que sucedió realmente, aquello que la ciencia antropológica nos está diciendo cada vez con más certeza, aquello que sucedió y por qué sucedió.

Los poblados se fueron haciendo ciudades, con nuevos problemas de administración, de control y de homogenización, y recurrieron a las tendencias egocéntricas. Las consecuencias fueron: primero, la formación de ciudades-estado, después la de Estados en que intervenían dos o más ciudades, y posteriormente la de verdaderos Imperios (en el cercano oriente: egipcios, babilonios, hititas, medos, persas, macedonios…)

Las observaciones antropológicas que se han ido realizando por medios científicos lo confirman, lo mismo que las realizadas en las colectividades aparecidas con posterioridad a la RU, estas últimas, ya reforzadas por registros escritos.


Ese gran cambio organizativo no parece haber sido aceptado fácilmente. El hecho de que siempre haya sucedido antes del empleo de la escritura, dificulta que se conozcan con precisión todos los episodios del evento. Sin embargo, algunos sucesos destacados registrados posteriormente, deben tomarse bien en cuenta como  ejemplos. Citaremos algunos:


  • En el siglo -XIII (antes de nuestra era), un novel faraón egipcio Amenofis IV, en desacuerdo con la forma en que incidía la religión organizada en el área social, se enfrentó radicalmente al culto del dios Amón y forzó importantes reformas religiosas, sociales y administrativas durante decenios.

  • En el Antiguo testamento” de LA BIBLIA, se relata: “Libro de Los Jueces” el episodio final del proceso de transformación en monarquía, de la sociedad gentilicia existente, dando por resultado la designación de Saúl como primer rey de Israel.  

  • En la China de hace 25 siglos, ya realizada hacía tiempo la RU , apareció la figura de Confucio (-552 -470), filósofo y político, que defendió la antigua concepción del Yin y el Yang, según la cual en el ser humano coexisten ambas tendencias (la de la empatía y la del autoritarismo), siendo de la alternancia entre ambas que se puede llegar a la perfección.  Dos siglos después, Xung-zi, consiguió influir en los gobernantes para que considerara a los humanos, exclusivamente malvados y pendencieros y la doctrina de Confucio, seguida por Mencio, fue combatida y perseguida por el Estado, destruyéndose sus libros y escritos. 

  • En época más cercana y próxima, en Atenas, otra figura destacada, Sócates, procuró influir críticamente en el pensamiento predominante que era el establecido por la RU griega.  Fue condenado a muerte por ello, aunque después uno de sus discípulos, Platón, escribió un libro (La República) donde imaginaba una sociedad ideal en la cual figuraban las principales ideas de su maestro.

Son sucesos que demuestran la oposición suscitada por la puesta en marcha de los sistemas implantados a partir de la RU, que incluía la división de la sociedad en clases sociales diferenciadas, de las cuales la inferior se destinaba a producir, tanto lo necesario para todos, como lo apetecido por la clase privilegiada, a la que pertenecían los protagonistas de los sucesos relatados.

Más dramáticos resultaron acontecimientos posteriores, tanto de la época en que aún imperaba la esclavitud, como es el caso, (en el primer siglo  de nuestra era, de la rebelión en Roma de los esclavos liderados por el gladiador Espartaco, que terminó en una cruel matanza. También lo fue la Revolución francesa, ya en 1789, que ocasionó múltiples muertes, esta vez de ambos sectores sociales.


También es destacable que este sistema al que ahora nos referimos, desde que se instaló nunca ha dejado de ser el dominante, aunque ha ido dejando por el camino múltiples colectividades resistentes que a menudo han buscado seguridad en lugares que los “civilizados” no tenían interés o posibilidades de ocupar.

La existencia de estas resistencias es imposible negarlas, ni desmerecerlas, ni ignorar su carácter genético, cuando han sido la influencia principal en las agrupaciones humanas durante tan largos períodos de tiempo.


Esa debería ser una pauta principal para corregir los errores cometidos al implantarse en exclusividad el egocentrismo con la revolución urbana y la sociedad de clases. Debemos procurar fórmulas adecuadas que pudieran hacerlo coexistir con la anterior empatía, abriendo caminos para la continuación de la ascensión unívoca de la especie. Una preocupación que aquí consideramos de primordial importancia por diversos motivos: desde el que se basa en el interés egoísta por el futuro de la descendencia, hasta el que tiene en cuenta la supervivencia de la especie, cuando se valora que la humana puede llegar a ser considerada como lo más destacable de la vida conocida.

Privilegiando la tendencia empática, la especie hizo posible la consolidación del incomparable paso del paleolítico al neolítico y su desarrollo desde la RAG hasta la RU, con todos los aportes obtenidos, desde la domesticación de plantas y animales hasta la práctica del acopio de bienes perdurables y  su intercambio en mercados, pasando por la construcción de canales, acequias caminos y corrales, así como de la molienda de las semillas, la metalurgia y la construcción de viviendas estables y duraderas.

A esa imparable creatividad, partiendo prácticamente de cero, actuando con amplia espontaneidad, y en condiciones en que en las relaciones sociales predominaba la empatía, no puede compararse con nada.